En 1999, durante una entrevista con
el periodista británico de la BBC, Jeremy Paxman, el fallecido cantante David
Bowie auguró el impacto que tendría la Internet en la civilización al calificarla
como algo “estimulante y terrorífico”.
Profundizando un poco más sus declaraciones, el artista señala que “La interacción entre el usuario y el
proveedor (de información) será tan armoniosa que aplastara nuestras ideas
sobre lo que realmente son los medios”.
Para la fecha de esta entrevista, la
Internet era un invento reciente; un canal de información al que pocos tenían acceso
y que para muchas áreas humanas era un campo ajeno, por lo que la predicción de
la estrella podría parecer descabellada.
20 años después, el tiempo ha logrado darle la
razón, al ser la Internet algo más complejo que solo una herramienta y un sistema
de información diferente. También es una plataforma que rompe la barrera
unidireccional entre los medios y usuarios y en donde el contenido que circula
libremente en ella varía no solo en tema sino en su naturaleza.
Es necesario resaltar, que la web ha
alcanzado su actual relevancia gracias a que ha conseguido evolucionar a través
de los años y muchos de dichos avances han sido logrados por su naturaleza descentralizada.
Briggs (2007), argumenta que con el tiempo, los agentes que conformaban y construían
la red, se vieron en la necesidad de evolucionar sus dinámicas por medio de una
experimentación abierta basada en “explotar
el poder del usuario” (p. 32).
A esta evolución, se le conoció con
el término de Web 2.0 y su primera característica según Briggs (2007), fue un
mayor control y flexibilidad otorgada a sus usuarios para la creación tanto de
contenidos y a los editores web para la creación de plataformas (p. 33). En
donde el flujo ya no era unidireccional y la información está sujeta a ser
creada, compartida y comentada inmediatamente por los usuarios.
Aguirre, (2014) citando Eric Schmidt
(director general de Google) destaca que “Cada
dos días creamos tanta información como la que fue creada desde los albores de
la civilización hasta 2003” (p. 20). Dando una idea de la enorme cantidad
de información que circula en la web diariamente y cómo afecta los diversos
campos de la vida humana, especialmente aquellos relacionados con los procesos
comunicativos y de información.
Desde una perspectiva positiva, la
inmensa cantidad de información producida en la era de la web 2.0, como toda información
que brinda cualquier fuente, puede indudablemente ser un punto de partida para
generar y contrastar noticias y ejemplo de ellos han sido citados por diversos
autores.
Pena (2009), señala que las dinámicas
que brindan los portales web pueden llegar a convertirse en fuentes que han
conseguido cuestionar a grandes medios tradicionales (p. 188) y sostiene su
argumento con un caso ocurrido en Estados Unidos en el 2004, conocido como Rathergate (p. 188).
El protagonista de dicho suceso fue
el presentador del prestigioso programa 60
Minutes, Dan Rather; quien presentó en septiembre del 2004 un falso
documento sobre el presidente Bush acusándolo de haber diferido su servicio
militar durante el conflicto de Vietnam gracias a sus influencias familiares.
Todo esto coincidiendo con una temporada donde la imagen y reputación del ex
presidente se encontraba en picada y en constante polémica globalmente.
Lo que ocurrió luego de que Rather
presentara su fraudulenta investigación, fue considerado por Pena, (2009) como
un acto donde los espectadores se “transformaron
en vigilantes de los grandes medios” (p. 189) al tomar sus blogs personales
y los espacios digitales para señalar de forma incesante los indicios que
demostraban la falta de la veracidad del documento.
Otro caso de, lo que sería
considerado como “reportería distribuida” o “multifuente”, fue considerado por
Briggs (2007) y aconteció nuevamente en Estados Unidos, Cincinnati, en donde
uno de los periódicos principales de dicha ciudad, The Cincinnati Enquirer, pidió
la participación de sus lectores a través de una página online, para saber en
cuales bares y restaurantes se estaba cumpliendo con una reciente prohibición
de no fumar.
Como resultado, centenares de lectores
compartieron su conocimiento referente a la norma y ayudaron a determinar
irregularidades y falta de cumplimiento de la misma en ciertos
establecimientos. En ambos casos se hace indudable la participación de los
internautas en el proceso comunicativo, aunque con diferentes resultados.
En el primero se resalta como la
Internet reivindica la actitud crítica y activa del público ante la información
que recibe y también advierte a los medios que su compromiso ético debe estar
encima de pasiones o impulsos políticos. Los lectores aprovecharan la
oportunidad que les brinda la web para ser escuchados y denunciar irregularidades
en las noticias presentadas y dicha reacción puede ser leída y aprovechada por
los medios para nuevas revisiones de sus noticias y ofrecer versiones
correctas.
El segundo, demuestra la posibilidad
de coexistencia y apoyo entre los medios y sus usuarios, sin dejar de lado de
todas formas la función de los medios de procesar y analizar dicha información
y presentarla ante el público.
La principal preocupación de muchos
periodistas ha sido observar como la llegada y evolución de la web ha generado
un razonamiento superficial en cuanto a la importancia y el papel de los medios
en la sociedad actualmente.
Pena (2009), manifiesta dicha
preocupación al notar que existe la creencia de que cualquiera puede intervenir
en la construcción de la realidad social o en las “tramas preestablecidas”
conforme a su conveniencia, en otras palabras, de que cualquiera puede ser
mediador con la misma eficacia y preparación (que un comunicador social) (p
192-193).
Pena (2009), también refuerza dicha
preocupación citando a Sylvia Moretzsohn, quien propone que la sobrevaloración
de la cultura digital ha generado una falsa idea de una “total democratización”
de los contenidos, dando como resultado la creencia en la progresiva anulación
de la prensa como institución de mediación discursiva y también a ignorar el
hecho de que toda voz o discurso no está libre de subjetividad o mediatización
(p. 193).
Pero otros autores, reconocen que en
la sobresaturación de información, es cuando más necesaria es la intervención
de los periodistas en la sociedad. Potter, (2006) argumenta:
Las nuevas tecnologías han hecho
posible que, con la ayuda de una computadora, cualquier persona disemine
información con tanta amplitud como las más grandes organizaciones de noticias.
Pero un sitio bien diseñado de Internet, no importa cuán bien escrito esté o
con qué frecuencia se actualice, no siempre es una fuente fidedigna de noticias.
La verdad que en un mundo complejo donde la información ya no es un producto
escaso, el papel del periodista se ha vuelto más importante que nunca. (p. 8-9)
El periodismo siempre ha estado
orientado a desentrañar la verdad de lo ambiguo, vago, confuso y falso. En todo
flujo de información, es normal que el periodista consiga informaciones de gran
interés público pero también sabe que su principal deber es verificar su hallazgo.
La UNESCO (2018) sostiene que “La desinformación es una historia vieja,
avivada por la tecnología moderna” (p. 15). Para el periodismo y sus profesionales,
el riesgo de ser instrumentos al servicio de intereses de desinformación no es
nada nuevo y fenómenos como el de las fake news, son reflejo de ello. La
UNESCO, (2018) define el término de fake news, como “un oxímoron que se presta
para minar la credibilidad de la información que si cumple con los requisitos
de verificabilidad e interés público”. (p. 7)
Otra de las características de dicho
término, es que esta práctica es llevada a cabo gracias al uso de las
tecnologías de información, ya que dicho campo se presta para que las
informaciones viciadas se esparzan de forma más rápida entre sus usuarios a
través de las redes sociales y plataformas de mensajería instantánea.
Ante este nuevo panorama, nace la
interrogante de ¿cómo se puede combatir dicho desorden informativo? La UNESCO
(2018), considera que los medios deben proteger y reafirmar sus estándares profesionales
y de ética y por último tomar distancia de la información que pueda interesar
al público pero que no van en consonancia con el interés público (p. 10).
Contrastar las fuentes es fundamental
para todo periodista que desea obtener el verdadero valor de la información y
mantener un prestigio ético. Por lo tanto, las fuentes digitales no son ajenas
a análisis minuciosos por parte del periodista, ya que como toda fuente puede
llegar a presentar una versión unilateral de los hechos y requerir de una
investigación profunda para obtener la historia completa.
Pena (2009), citando a Marta Dantas,
señala la importancia de que los programas académicos periodísticos de la
Universidad de Estácio de Sá, deben tener como objetivos enseñar a los alumnos
a crear textos para los nuevos medios, desarrollar y evaluar páginas web,
encontrar y organizar la información y conocer más afondo las nuevas
tecnologías y sus aspectos legales (p.190).
Por lo que una nueva especie de
periodista debe nacer, que conjugue las tradicionales técnicas de investigación
periodístico con las nuevas herramientas digitales y que se sepa desenvolver en
los diferentes ecosistemas virtuales.
El hábito de contrastar los hechos
acompañado del deseo de hacer un trabajo investigativo de calidad y de altos
niveles morales, deben ser rasgos que no han de perderse en el profesional de
la comunicación. Quien debe recordar siempre su compromiso con el bien colectivo
y social.
Potter, (2006) agrega que “La mayoría de los reporteros dicen que las
mejores historias son fruto de su esfuerzo personal.” (p. 8) y con esto
quiere señalar nuevamente la importancia del seguimiento exhaustivo a las
fuentes y de las primeras informaciones obtenidas a través de ellas, este es el
proceso que lleva al periodista a determinar qué tan valiosas y fiables son las
mismas.
BIBLIOGRAFÍA
·
Aguirre, J. M. (2014). Cuadernos sobre comunicación ¿Para qué
servimos los periodistas en Venezuela? Caracas: Universidad Católica Andrés
Bello.
·
Briggs,
M. (2007). Periodismo 2.0. Una guía de
alfabetización digital para sobrevivir y prosperar en la erad e la información.
Maryland: J-lab.
·
Pena O., F. (2009). Teoría del periodismo. México:
Alfaomega.
·
UNESCO. (2018). Journalism, fake news & disinformation. [Libro en línea]. Consultado el 01 de agosto de 2019 en: https://en.unesco.org/sites/default/files/journalism_fake_news_disinformation_print_friendly_0.pdf




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